La Viajera. (Relato en tres
partes).
En la noche se vuelca el último vino, en el frío, las risas... Mi
risa es fingida, las sombras son tan reales. Vamos dejando lugares vacíos a los
fantasmas, que asombrados de nosotros, de nuestra gris espera, se sientan a
nuestro lado en el muelle. Lanzan sus plegarias de árboles, de hoja a la deriva
en el agua. Nos conversan; pero yo, ya no los escucho...
...la anónima Viajera no conoce estos parajes, no sabe de este santuario en donde duerme el río meciéndome los pies. Porque creo en la magia antigua, sigo esperando la imposible orilla que me devuelva el sueño... y el sueño no viene... y azotamos furiosos los ojos del amanecer. Enloquecidos de viento y noche nos entregamos al río, desvanecemos las sombras, los fantasmas rezagados.
Ahora, el sol y la primera lancha de la mañana. La Viajera no viene... no vendrá.
-¿Quién desde las sombras, detrás de aquel árbol?
-No soy el que mira el río.
-Esperaba a la Viajera.
-Soy el ahogado apacible juntando sus pasos.
Las olas se van,... las palabras se van...
-¿Quién garabatea estas hojas y no desea el sueño?
Frío y todavía la noche...
-La Viajera no es la recién llegada.
-Soy el eterno ausente durmiendo entre fantasmas, que perdido se hunde en la noche.
Es mi mundo alucinado, los habitantes que hoy me recorren. Este ser limitado, temeroso de sentirse árbol, ve crecer pequeños brotes en sus manos. Esta sed de pantano, que vuelve al vino amargo. Mis pies mojados de rocío en la mañana, la tierra húmeda que piso también soy yo. Y voy juntando los retazos de la noche en un colage, para verlo con la luz del día... Por detrás del pomelo, agachada junto al nido caído, descubro a la Viajera. Me sonríe.
...la anónima Viajera no conoce estos parajes, no sabe de este santuario en donde duerme el río meciéndome los pies. Porque creo en la magia antigua, sigo esperando la imposible orilla que me devuelva el sueño... y el sueño no viene... y azotamos furiosos los ojos del amanecer. Enloquecidos de viento y noche nos entregamos al río, desvanecemos las sombras, los fantasmas rezagados.
Ahora, el sol y la primera lancha de la mañana. La Viajera no viene... no vendrá.
-¿Quién desde las sombras, detrás de aquel árbol?
-No soy el que mira el río.
-Esperaba a la Viajera.
-Soy el ahogado apacible juntando sus pasos.
Las olas se van,... las palabras se van...
-¿Quién garabatea estas hojas y no desea el sueño?
Frío y todavía la noche...
-La Viajera no es la recién llegada.
-Soy el eterno ausente durmiendo entre fantasmas, que perdido se hunde en la noche.
Es mi mundo alucinado, los habitantes que hoy me recorren. Este ser limitado, temeroso de sentirse árbol, ve crecer pequeños brotes en sus manos. Esta sed de pantano, que vuelve al vino amargo. Mis pies mojados de rocío en la mañana, la tierra húmeda que piso también soy yo. Y voy juntando los retazos de la noche en un colage, para verlo con la luz del día... Por detrás del pomelo, agachada junto al nido caído, descubro a la Viajera. Me sonríe.

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