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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Niña Viednamita



  Con sólo estarse ahí, al llegar la noche, los muelles se vuelven mágicas invitaciones, a otras realidades posibles. En un banco de tablas, a la ribera del “Reyes”, el tiempo toma un ritmo distinto. Así, sentados, casi abandonados al banco, desde el muelle alcanzamos a ver el río Sarmiento; acrecentada por las luces del museo, su calma es mayor. De vez en vez se escucha el murmullo de alguien, que en las sombras pasa, (cargando provisiones, imaginamos). Entonces jugamos a adivinar si es hombre o mujer, intentamos reconocer su silueta, en los breves instantes, que de entre los árboles, aparece bajo alguna luz del camino. Cuando ya nada distrae nuestra atención, sobre mi pecho “te recuesto”, enredo los dedos en tu pelo, es como apresar un pedacito de noche. A nuestros pies, la vela de citronella proyecta pequeñas sombras, fabulosas; cae una polilla y el pabilo se hunde en la parafina, se apaga… no, sigue protegiéndonos, para poder desnudar tus hombros. Me dejo llevar en el perfume, como las barcazas que cruzan lento, buscando el Paraná para remontarlo. Y soy yo una barcaza en el oleaje suave, en procura de tu río, para llevarnos a lejanos parajes.
  La única constelación que reconozco es la de Orión, justo sobre nosotros. -¿La ves? Cuando mi hijo era pequeño se la enseñé, le contaba historias payasescas, solo por verlo reír. Ahora “te cuento” historias sencillas, para que “te quedes” conmigo; poder tocar los hombros  desnudos, de la niña con ojos de mujer, para descansar mecido en tu cauce.

  Sobre los árboles, más oscuros ahora, la luna, su luz. Veo esta soledad. Y me basta con nombrarte, para que nuevamente estés reclinada sobre mí; desvanecer todos los fantasmas de ausencias y olvidos. Después de un día de sol, tu aliento, tus manos, serían frescas. Estoy perdido, a la deriva. Rechazo todo intento de rescate. Para naufragar, desguazar mi casco en un remanso, en tu orilla. Con las primeras luces de la mañana, juntar los vestigios y seguir

jueves, 27 de junio de 2013

El Mamboretá.

     
      El Mamboretá.*

“Los buscadores de almas
crearon el Mamboretá.”
(Alejandro Carrizo)

   En la vereda, todo de lluvia hasta los pies, yo, el Mamboretá. Busco la imagen precisa, perfecta. Las publicidades me hablan del mundo que desconozco. Una mujer, cruza delante de mí, mientras palomas beben en los charcos. Me roza su abrigo y recuerdo el frío. Resulta, de un breve cruce de miradas, un vuelo profundo al interior de unos ojos, que buscan ser interpretados…
   La lluvia pasó. Y ese instante, aunque eterno, ya no existe.    


*(Del guaraní, sustantivo e interrogación: “dónde esta tu pueblo”, por extensión, el que no tiene lugar, ni gente).