Ya
cansado de tontos disfraces, me doy al umbral de la casa, en la esquina.
Observo por un momento; la gente, el barrio, me asustan y el cigarro tiembla en
mis dedos.
Lloraría por la inocencia de los niños.
Riendo y saltando. Ahora este charco, ahora esta hiel. Jugando entre tantos
muertos, que ríen pálidos
en las veredas.
-No me asombra el horror,
sino nuestra capacidad
de aceptación.-
me gustó mucho...en especial esos tres versos del final.Cuánto dicen!
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