-Cuando al terminar la noche, llega la madrugada como
consuelo.
Y la luz va tomándolo todo, las sombras son entonces leves
recuerdos, viejas alucinaciones. En esos momentos uno deja a sus ojos
extasiarse, resignificando todo cuanto ven; abre su corazón a la mirada del
“otro”; y se reencuentra, se transforma en un hombre/mujer nuevo. Pero hay
quienes conservan el frío en sus ojos; su corazón, no se desborda de alegría
ante la mirada del “otro” que lo completa. En su feroz egoísmo, el “otro” es
nada.
Temerosos del miedo,
del dolor del “otro”, construyen una fortaleza y ponen nombre a su soledad, su
aislamiento. Es esta indiferencia la última violencia posible.
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