...Y la luna, se volvió
en un enorme manto sobre mí, todo era caos.
Busque al hombre ciego,
el de la hermosa melodía,
para besar sus manos.
-Señor, he velado mis
muertos,
he sepultado mi infancia en un extremo del jardín...
cuando todo se detiene bruscamente en el aire,
hay un despertar;
hay nombres que aun me resuenan dulces como metralla;
y no se, no puedo partir de mi,
de esto que me contiene, que dice ser yo.
Es entonces cuando la luna vuelca su manto...
-Señor, cuál es el juego.
-No hay juego.
-La luz es violenta Señor, me duelen los ojos,
no siento ya la boca bebiendo de mis palabras.
-No hay boca, solo tus palabras...
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